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"Tita Runi Nii" experiencia con el chamanismo Shipibo

El nuevo libro de Boris Gálvez Planten 2017

Inspirado desde los ecos de la amazonia, el escritor observó su alma danzar en las letras fosfore- centes y serpentiantes. De esta manera su estilo, escuchado desde el cielo y la tierra sagrada, es guiado hacia la escritura compartiendo sus experiencias con las plantas maestras, dietas chamánicas y aprendizaje indígena. La Madre serpiente de la selva (tita roni nii), su segundo libro, recopila el inicio de su experiencia con los curanderos del pueblo shipibo conibo, ubicado a orillas del rio Ucayali en la selva peruana. De esta manera expone su experiencia desde los dos hemisferios cerebrales dándole un sentido a sus visiones y reflexiones. Las voces de la naturaleza, los susurros del inconsciente y los cantos chamánicos lo motivaron a escribir algunos de los tesoros encontrados en los chamanes amazónicos.

Pides tu copia gratuita escribiendo a contact@aniniishobo.org.org


La ayahuasca

Ani Nii Shobo nace hace casi seis años, pero en realidad el origen de esta historia se remonta unos años antes cuando un grupo de amigos, buscadores de la sanación y la experiencia espiritual, conocimos la ayahuasca en el amazonas peruano. Uno de ellos, Sergio Cobo (Samo), economista, astrólogo, escritor e investigador escribió un texto sobre la ayahuasca que compartió conmigo y que permaneció bajo el polvo hasta hace algunos días cuando buscando qué escribir para esta primera columna de Ani Nii Shobo me reencontré con él. La ayahuasca es la llave que abrió nuestro inconsciente y el reino de la Diosa, nuestra madre tierra. Qué mejor que comenzar nuestra primera columna de Ani Nii Shobo, con la ayahuasca a la luz de la sabiduría y genialidad de una mente brillante y un corazón noble.

En un rincón del planeta, en la cultura entre dos ríos: Mesopotamia, fue desenterrado bajo enormes capas de sedimentación del anterior Diluvio, un mito muy antiguo…

Cuenta la leyenda que el ‘dios’ Enki ó Ea, -míticamente un ser anfibio y creador del ‘lulu’ u hombre clonado para servir a los dioses-, estaba tan orgulloso del prototipo de Adán, que le sopló las respuestas que debía dar a los guardianes del ‘cielo de Anu’, quienes vigilaban los dos árboles sagrados: el del conocimiento y el de la vida, para que lo dejaran pasar.

Adán hizo el viaje, respondió acertadamente a los guardias y accedió al recinto del trono. Anu se sorprendió de que un lulu hubiese llegado a su presencia, pero era obligado ofrecerle la copa de la inmortalidad y lo hizo. Pero éste, habiéndolo visto tan enojado, supuso que era un veneno mortal y rechazó la propuesta volviendo a la tierra como simple mortal.

¡Ojo!, los mitos siempre revelan las intenciones de fondo: Enki sabía que la bebida sería rechazada, precisamente por el temor a la muerte. Mal que mal era el encargado de este programa y aseguraba a los elohim -la Asamblea de Doce- que con una debida ‘programación hipnótica’ se podía ‘controlar’ a estos seres recién creados… Siempre el doble estándar, ofrece el cielo y carga los hombros con necedades hipnóticas: el asunto es dominar sus creaciones.

¿Será verdad que en tantas culturas antiguas se ofrecían pócimas para iniciar a los ‘elegidos’?

¿Qué hay de verdad de las iniciaciones de Eulesis y el sorgo del centeno que abundaba y aún existe como ‘maleza’ en los campos aledaños, según Hoffman, el creador del LSD?

¿Han escuchado hablar del san Pedro –el guardián del cielo según lo castellanizaron los aborígenes de las cumbres andinas- y la apertura de mente hacia lo divino que ofrece?

La lista es eterna, las bebidas enteógenas , son patrimonio de casi todas las culturas antiguas.

Todas son drogas que simulan neurotransmisores encargados de ‘alimentar’ los procesos conscientes, mediante estimular las glándulas madres y multiplicar las conexiones neuronales para permitir ‘procesar’ información.

Sin embargo, se debe ser consciente de los riesgos: en primer lugar, son sustancias que emulan los neurotransmisores naturales del cuerpo; es decir, son tóxicos porque nuestra biología no los puede metabolizar adecuadamente y a la larga matan; seguidamente, la ‘calidad’ de la información es dudosa, ya que la psiquis puede representar o alucinar cualquier contenido sea verdadero o falso; y ‘ver’ o proyectar lo que quiere ver o cualquier cosa… La habilidad de separar la paja del trigo, requiere de mucho entrenamiento.

Mi maestro hindú de las drogas y el sexo, Osho, decía en relación a las drogas: úsenlas con prudencia ya que cada vez morirán millones de neuronas… Agregaba después: el día que alguien descubra una droga perfecta entonces el mundo cambiará.

Y cuál sería mi sorpresa al encontrar en las profundidades de la selva amazónica –como legado de las culturas de sol en Machu Pichu, que equivalen a aquellas Heliópolis en Egipto- una cultura antropológica de 5000 años de antigüedad, ó, 13000 años como dicen algunos, que se ‘organiza’ alrededor de un brebaje natural de excepcionales cualidades enteógenas.

Esta afirmación se sostiene en los siguientes hechos:

• Los principios activos que contiene son idénticos a los que usa nuestro organismo para facilitar el proceso de conciencia. Son compuestos de harmina, esenciales para que la pineal alucine –esto es: ‘fabrique imágenes’- y proporciona DMT, que es la fuente energética que emplea el ADN para emitir biofotones, es decir, el medio de comunicación para ‘alimentar’ nuestra conciencia. Tal como funcionan los ‘sueños’.

• Lo anterior significa que el sujeto se enfrenta a sus verdades internas; ya que el ADN, guarda toda la información, incluso, sospecho la de nuestra ‘alma’. Vale decir, el estado de ampliación de la percepción que facilita el brebaje, se focaliza naturalmente hacia nuestra realidad como seres conscientes. Como dice Jorge, mi chamán: son visiones, no alucinaciones.

• La vía por donde se ingiere es el estómago, vale decir, son los intestinos quienes metabolizan y luego las posibilidades de incorporar tóxicos que podrían incluir los químicos ingeridos, son mínimas.

• Por todo lo anterior, no crea dependencias, más allá de lo necesario que podría ser recurrir a sueños lúcidos para iluminar nuestro caminar por esta tierra; en todo caso, la experiencia de enfrentar nuestras verdades, no da para usar el brebaje con fines recreativos ni menos delictuales.

Así que no existe escapatoria, ceremonias con ayahuasca bien conducidas, además de equivaler a múltiples sesiones de psicoterapia pero sin poder engañar al terapeuta, a la larga, significan que la ‘actitud para vivir la vida’ cambia. Y si cambiamos nuestra actitud por el simple hecho de explorar nuestro interior y sus ligazones con realidades de conciencia superior, el mundo puede cambiar, porque se hace imposible transgredir las armonías universales cuando la conciencia se amplía y los miedos desaparecen, especialmente los miedos a la muerte, que se esconden en nuestra Sombra.

Naturalmente, el que todos se ‘inicien’ por este camino es una utopía; luego, el mundo seguramente seguirá con sus inercias hacia el caos. Yo solo aseguro, que si usted, logra pasar la barrera de la inmortalidad, podrá sobrevivir al caos.

Pero, ¡son drogas! Escucho decir por aquí y por allá.

¿Cómo va a ser justo que la espiritualidad de obtenga a través de químicos? dirán muchos fundamentalistas…

Y qué quieren. Llevamos miles de años nutriéndonos mal y bombardeados por programas perversos que ya han creado rutinas neurológicas enquistadas en nuestros sistemas endosomáticos y que apuntan hacia algo tan distinto como para permitir la destrucción de las condiciones que sostienen la vida en la Tierra.

Quién puede negar que nuestra realidad en este plano es esencialmente química. Por favor, no ofendan la más simple lógica.

No han escuchado que los tiempos del caos se caracterizan por la aparición de maestros por aquí y por allá… Si quieren seguir escuchando los cantos de sirenas que prometen esta vida y la otra, está bien, pero yo les digo, el tiempo de los maestros acabó: la única posibilidad es conectar con el maestro interno, es el único verídico que garantiza la sobrevivencia. Esta realidad es solo percepción y la era de Acuario, se caracteriza por esa cualidad de la conciencia de saltar al vacío y sostenerse en la propia creatividad.

Ahora la nutrición…

Si hubiéramos obedecido y nos alimentáramos de hojas, semillas y frutos, posiblemente nuestros cuerpos biológicos estarían metabolizando adecuadamente, para producir compuestos de harmina y dimetil triptamina (DMT), tan necesarios para que la conciencia no pierda el rumbo en esta dimensión

Es sorprendente constatar que el brebaje de la ayahuasca aporta inhibidores de monoamino oxidasa (IMAO), una enzima que protege nuestro organismo de la ‘tiramina’ un compuesto químico que altera seriamente las condiciones de salud (tóxico), pero que también destruye otras aminas, entre ellas la serotonina, la noradrenalina, etc.; es decir, nos priva de neurotransmisores esenciales para una adecuada conectividad neuronal (capacidad de aprender y sintetizar información) y por tanto induce estados depresivos al alterar negativamente nuestra percepción, y los estados depresivos inducen que nuestra psique reproduzca contenidos negativos, que se traducen en enfermedades y nos mantiene en un circulo vicioso que sostiene los miles de millones de dólares del mercado de las drogas químicas del estanco mafioso que no quiero nombrar. Así que: use químicos pero consciente y sin recurrir a la farmacia todos los días.

Los productos que aportan tiramina en la dieta, son parte de procesos de fermentación ajenos al cuerpo. Conecte en la web los alimentos fermentados que debe evitar para usar antidepresivos de primera generación (IMAO) y se sorprenderá. Lea a Deepak Chopra y la ancestral medicina ayurvédica y aprenderá a comer de modo que lo que ingiera no fermente en su estómago.

Para una adecuada ceremonia con ayahuasca, la dieta que evite dichos alimentos es esencial; de otro modo su propio ADN lo hará vomitar hasta que no quede ninguna toxina que usted ha comido porque prefiere alimentarse según los publicistas en vez de hacer caso a su propio maestro interno. ¿Se da cuenta del problema? Si usted se nutre mal, no es consciente del daño que su cuerpo sufre. Yo tampoco hasta que me inicié.


Las puertas del kanachiari

Por Boris Gálvez

Eran las 21:00 horas en la selva peruana. Las estrellas brillaban, los grillos cantaban y la luna alumbraba gran parte del mosquetero que cubría la cama de mi cabaña. Me acompañaba de una vela, mi pipa y un pequeño brebaje verde de la gran planta maestra llamada Kanachiari o Toé. Me preparé durante dos meses para vivir aquella noche: meditación, yoga, reflexiones, visiones y dietas chamánicas habían fluido durante mi estadía en el pueblo de San Francisco a orillas del Ucayali en Perú.

Era mi momento para tener una introducción al Kanachiari, una gran planta maestra usada por los chamanes shipibos para visionar y poder ser curanderos. Roger López, el chamán de la comunidad, conocido también con el nombre de Suipino, me había brindado la oportunidad de entrar en la dimensión de esta planta y aprender de él. Me comentaba, por ejemplo, que el espíritu de la planta era muy poderoso y que había que tratarlo con mucho respeto. Al recordar sus palabras durante la noche, sentí mi piel de gallina y me inundó una sensación de intriga que abrigaba todo mi espíritu.

Después de unos minutos de reflexión y espera, decidí tomar el vaso con el intrigante líquido verde. Comencé a soplarlo con tabaco y concentrar mi intención en algo positivo, dejando la mente, prejuicios y miedos fuera de ese espacio. Apagué la luz de la vela e ingerí la pequeña pócima sin pensar en nada en particular. Me recosté y cerré los ojos…

Me sentía completamente lúcido, consciente de lo que estaba viviendo y sintiendo. Hasta que, poco a poco, una imagen de una planta de unos 120 cm, se veía desde el cielo del mosquitero. Sus hojas vibraban y se movían como si el viento estuviera cantándoles. Un néctar brotaba de su tallo, como si fuera miel de oro. Toda su arquitectura perfecta respiraba como si tuviera una gran vida. Mis sensaciones físicas eran tremendamente sutiles, mi cuerpo experimentaba una fluidez única, una armonía y satisfacción de los cielos. De a poco, mis pies comenzaron a sentir una pequeña cosquilla, algo comenzaba a subir desde lo más inferior de mí ser, como si una serpiente tocara mi piel y recorriera mis extremidades con mucha lentitud y amor. Sentí que todo mi cuerpo se bañaba de una sutileza sagrada que cubría todo mi ser. Al llegar a mi cabeza, esta hermosa energía entraba a mi bóveda craneal. Pude sentir cómo mi cerebro respiraba y las neuronas comenzaban a realizar sinapsis. Mi cuerpo solo comenzó a rotar hacia la derecha, abrí los ojos preocupado por aquella sensación, no obstante, no me había movido ni un pelo del lugar donde estaba. Decidí cerrar los ojos nuevamente y conectarme con la experiencia. De esa forma, mi cerebro comenzó a tener un movimiento rotatorio, sentía que los hemisferios cerebrales se hacían uno y giraban en una armonía absoluta. La angulación aumentaba y mi energía fluía como si una pluma volara en el universo. Poco a poco, él sueño me fue venciendo y comencé mi viaje fuera de la tierra…

Era tan lúcido lo que “soñaba” como si realmente estuviera en vigilia. Planetas morados, azules, plomos visité en las dimensiones de la mente. Portales y puertas en diferentes direcciones del viento se contemplaban desde una perspectiva completamente adimensional. Seres iluminados me invitaban a ser parte de una melodía sublime con los grandes espíritus…

Comprendí que lo que me ocurría es que estaba ante las puertas de los grandes maestros del kanachiari.


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